Según apunta un reciente reportaje publicado en el diario nacional El País, el creciente nerviosismo de los países ricos y también de los más poblados ante la subida de precios en los mercados mundiales, junto con la escasez de agua, el crecimiento de la población y el alto coste de la energía, son las causas para que sus grandes multinacionales, así como sus gobiernos, compren o arrenden tierras fértiles en naciones pobres, principalmente de África, para asegurarse el suministro de alimentos. Actualmente, China, India y Corea del Sur encabezan la lista de compradores seguidos de cerca por los ricos Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Qatar.
Este nuevo y creciente fenómeno denominado en ingles “land grabbing” (que podría traducirse como “apropiación de tierras”) es un arma de doble filo. Los que lo defienden sostienen que se trata de una ayuda para la apertura de mercados para los productos agrícolas de las zonas afectadas, además de la creación de puestos de trabajo, la mejora de las infraestructuras y el aumento de la productividad. Por otro, las opiniones contrarias subrayan que hace mucho daño a las poblaciones locales, que con frecuencia, quedan al margen de los acuerdos. Incluso, los más críticos, han llegado a calificar este fenómeno como “neocolonialista” porque esquilma los recursos naturales de países que ya tienen sus propios problemas de escasez de alimentos.
El estudio más completo hasta el momento sobre esta cuestión, lo publicó en mayo el Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo (IIED), certificando que al apropiación de tierras es un fenómeno en aumento y advirtiendo de que es cada vez mayor el riesgo de que campesinos pobres acaben siendo expulsados de sus tierras o pierdan el acceso al agua y a otros recursos. Y es que, en la mayoría de los casos, los acuerdos se realizan y negocian de espaldas a la población local.
Medio Ambiente y Recursos Naturales de la FAO, el organismo de la ONU que se ocupa de cuestiones agrícolas, opina que sería útil desarrollar directrices para el buen gobierno de la tierra o bien un código que regule este tipo de inversiones internacionales. La FAO ya está trabajando en esta línea.
Mientras tanto, este aumento de compras de tierras en países pobres coincide con un agravamiento de la situación alimentaria mundial. Mil millones de personas pasan hambre en el mundo. La cifra más alta de la historia.
Fuente: El País (J.P. Velázquez-Gaztelu)
